Mabela MR

¡Estoy de vuelta!

Escrito por MabelaMR 19-09-2018 en Ingravidez. Comentarios (0)

Ha sido un verano increíblemente raro. 

Una vez leí que para escribir tienes que tener algún sentimiento o motivación que te guíe a ello. Estuve muy activa durante algunos meses, será porque había algo que me movía, pero lo más grande. Quizás para estar bien haya que estar mal, y así luego poder disfrutar todo con mayor intensidad.

Creo que los "parones" son buenos en muchos sentidos. El querer estar sola. Conocerte a ti mismx. Quererte a ti, sobre todo a ti. Porque si tú mismx te quieres estando solo, podrás dejar que luego pase a casa quién tú quieras, pero sobre todo el cómo tu quieras que pase a la misma.

No sé, en tres meses que he estado fuera de casa me ha dado tiempo a pensar mucho, pero sobre todo a aprender. 

Aprender que no todo son matemáticas, no es uno más uno. Aprender que no siempre estará mamá para solucionar cualquier problema. Aprender a aprender. Aprender que hay cosas que se van para que otras nuevas puedan llegar con mayor intensidad. Aprender a perder e incluso a aprender que habiendo perdido he ganado ese aprendizaje de la pérdida. 

Hay veces que parece que hayamos caído. Pero que sí, que sí hemos caído, es porque antes habíamos volado. No se vuela con cualquiera. Hay muchos vuelos, millones de destinos, pero sobre todo, infinitos lugares que no se han descubierto. 

Así que, si tienes que coger un vuelo de esos, cógelo. Ve a por uno de esos millones de destinos, pero no vuelvas a uno en el cual hayas estado. Que te mueva lo nuevo. El conocer rincones nunca jamás vistos, pero sobre todo que te mueva el aprender de diferentes lugares, culturas y sobre todo de su gente. En el movimiento están las ganas. Así que coge un avión de esos que tiene tanto movimiento que provoca las mayores turbulencias jamás imaginadas.

Quizás, como escribí hace meses, todo sea un lo hacemos y ya vemos; quizás. Pero esta vez de verdad. 

Todos alguna vez tenemos que salir de ese nido,

nido en el que no hay ruido.

Porque si siete vidas tiene un gato, 

aún nos queda mucho por vivir.

Mabela MR

Post para todos los días.

Escrito por MabelaMR 05-05-2018 en Mamá. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=s82Rvpv5P14

Días de la madre,

así,

en plural.

Porque madre sólo hay una,

y como para todos,

¿cómo la nuestra?,

ninguna.

Pocas cosas me hacen quedarme sin palabras. Pero sí, cuando se trata de ti, es atónita la capacidad que me invade. 

Siempre estás a tiempo.

Cómo una primavera después de un duro invierno,

cómo un abrazo cuando más me hace falta,

cómo un te lo dije a tiempo y por consiguiente un beso paliativo a destiempo,

cómo una mirada fija, 

entre millones de personas, 

que no ves pero ahí está siempre.

Fija que lija. 

Que cura y cobija.

Si hablamos de enseñanzas me has enseñado cómo si de la mejor catedrática se tratase. 

Del amor y la amistad.

De la vida y sus intrigas.

Del deseo y el anhelo.

De la lucha y tu lucha.

De vivir y persistir.

No lo dejes de hacer nunca.


Porque sí,

porque una de las mejores cosas de la vida

es que alguien te diga que te quiere, 

que te lo demuestre, 

que te sorprenda,

y que nadie lo entienda.

Estás ahí. En todas y cada una de esas afirmaciones. No se cómo decirte que te quiero porque hay personas que son mucho más que palabras.


Cosas que no se pueden explicar,

inconmensurable,

como mi amor por ti.


... y tú. Sí, tú. El/la que me está leyendo. Estás tardando en decirle a tu madre que la quieres. Corre. Da igual que me estés leyendo el primer domingo de mayo o el último día de diciembre.

Siempre es un buen motivo para recordarle a alguien que ha estado desde siempre y para siempre  lo mucho que la quieres.

Y a ti mamá, los 9078 km que nos separan me hacen tener,

nueve mil setenta y ocho

motivos de seguir,

ganas de persistir,

fuerza para combatir,

todo este amor que siento por ti.

Gracias por creer en mí siempre pero sobre todo estos últimos días. 

- Dory, escúchame. No hay salida.
- Pero... Tiene que haber una forma. Siempre hay una.
- No la hay, Dory. Te lo digo. Esta vez no hay manera.
- Bueno, ¿qué pasa con eso?
- Santo cielo. Hay otra manera.

  Siempre te digo que eres como Dory. Hay personas que deberían ser tu Dory alguna vez, y sí, tú eres la mía.

Siempre susurrando...
sigue nadando, 
sigue.

FELIZ DÍA DE LA MADRE, FELIZ VIDA, FELIZ DE TENERTE A MI LADO.


TE AMO.


MABELA MR


Personas que son suerte.

Escrito por MabelaMR 20-04-2018 en Family first. Comentarios (0)

En realidad, para mí la SUERTE sí que existe. En este caso escribo este post porque hoy es un día especial.

Hace 40 y tantos, porque sí, son y tantos, porque me niego a que sigas cumpliendo años, tendrías que ser eterna. Lo que iba diciendo, hace todos esos años nació una de las mejores personas de las que tengo la SUERTE de tener en mi vida. Esa SUERTE tiene nombre. Bueno en realidad tiene varios. ¿Os ha pasado que os llamáis de una manera y os asignan cualquier nombre menos el vuestro?, pues sí, éste es el caso de la persona que hablo.

Cada año me intento superar en qué escribirte, cómo hacerlo y qué decirte que no te haya dicho ya. Pero, ¿no os vuelve a pasar que siempre hay personas para las que nunca se te acabarán las frases, los textos, las palabras de agradecimiento, los "hasta la próxima",...?

Eres...

eres magia pero de la que no queda, 

de la que no se ve, 

de la que está siempre ahí,

de la que vive por todos, 

de la que ilusiona,

de la que no te olvidas ni queriendo,

pero sobre todo de la que hay que agradecer, porque la magia la tienen muy pocas personas.

Eres...

eres especial,

especial como un abrazo de despedida,

como un nos vemos pronto,

como un cuídate.

Eres...

eres única, 

única porque como tú,

 ni buscando,

ni queriendo encontrar,

ni pidiendo,

me darán a otra persona igual.

Eres...

la mejor definición,

el mejor deseo,

un 29 de febrero, único.


A veces, se nos escapa decir te quiero más asiduamente. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy como se suele decir. Y sí, no le quito la razón a esa frase. Por eso, aunque no nos lo digamos mucho, te quiero.

Muchas veces creemos que no hace falta decir te quiero tan frecuentemente. Y en realidad puede que sea así. Pero hoy quiero aprovechar para decírtelo. Te quiero. Pero no, no te quiero y ya.

Te quiero para toda la vida. De aquí a Marte. Ida y vuelta como mínimo.

Se que no hace falta que nos llamemos todos los días, que nos escribamos o que nos veamos porque cuando algo es de verdad,  da igual que pase un mes, dos, tres, cuatro o los que sean, que las cosas seguirán igual. 

A veces, lo pienso y sí, la vida se pasa rapidísimo. Muchas distancias, muchos "echar de menos algo o a alguien", demasiados "hasta pronto" e innumerables "cuídates".

Yo quiero que te cuides por lo menos otros cuarenta y tantos. 

Quiero que sigas con esas ganas de persona incansable y luchadora.

Pero sobre todo, si algo he aprendido de ti, es que muchas veces hay que empezar desde lo más bajo, de cero incluso. 

Luchando como si de la última guerra se tratase, estudiando, sabiendo valorar cada minuto, enfrentando la vida como nos viene porque sí, porque cuando vengan las victorias, recompensas, metas llenas de logros y mil cosas más, nos acordaremos de todo lo que hemos pasado con una sonrisa. 

Y sí, esas son algunas de las cosas que he podido aprender de ti. 

Suerte la mía de tenerte. Feliz cumpleaños.

Te quiero, mona, como tú me sueles decir...


Cuéntame un cuento

Escrito por MabelaMR 26-03-2018 en Ingravidez. Comentarios (0)

No sé… quizás no todo es como los cuentos que hemos leído de pequeños.

Ojalá, cuando las cosas se nublasen, tuviésemos a mano ese País de Nunca Jamás. En el que los niños no crecen. No hay contratiempos y todo son risas. Pero no. Crecemos y maduramos aunque en muchos casos no estoy segura de este último. No obstante, por mucho que podamos crecer, hay que seguir teniendo ese niño en nuestro interior. El que se ilusiona. Que perdona. Que olvida. Que siente. Que se reinventa con cualquier golpe. Que ese golpe le sirve para coger más fuerza. Que esa fuerza es lo que le hace que los días valgan la pena. Y que esa pena no la tiene, porque para él, quien no aporte que se aparte. Y sí, o sumas o multiplicas, pero a mi no dividas ni mucho menos me restes. 

Probablemente el príncipe no se hubiese enamorado de Cenicienta si la situación no hubiese sido tan difícil. Y bueno, muchas veces el perder algo o a alguien, en este caso un zapato, le hizo que removiese cielo y tierra, el reino entero y siguió intentándolo. Pero no, las cosas no son así. Muchas veces, si pierdes un zapato, cómprate otros veinte pares más. Saldrás ganando. Y ya que hablo de ganar, que se lo pregunten al Rey Midas. Tenía todo el oro del mundo. Era tan egoísta que no sabía lo que tenía a su alrededor hasta que un día lo perdió. Con el paso del tiempo se dio cuenta que muchas veces perdiendo es como se gana. Y sí, ganó. Ganaron los sentimientos. Ganó su “yo” interior por encima de todo, aunque era tarde.

Si me pongo a hablar de sentimientos me viene un cuento a la cabeza. Los viajes de Gulliver. Pero sobre todo la frase de “Puede que algún día llegue un barco…”; ¿Quién sabe si Gulliver tiene razón?, ¿Quién sabe si alguna vez nos embarcaremos en el mejor crucero de nuestras vidas?, ojalá. De estos que sabes cuándo empiezan y no sabes ni dónde, ni cómo, ni de qué manera acabarán. De los que te envuelven. De los que te atrapan en mil emociones y sensaciones. Y sí. Él esperó a un barco y no a una veintena. Uno. Porque tenía Fe. De esa que hoy en día se ha perdido. Perdida como Alicia en el país de las maravillas. O bueno eso decían. Maravillas. No obstante me quedo con otras muchas cosas de este relato:


¿Me puede decir por favor, que rumbo debo tomar desde aquí? – pregunto
Alicia al gato
- Eso depende en gran medida de a donde quieras llegar - dice el gato
- En realidad no me importa a donde – contestó Alicia
- Entonces, cualquier dirección es buena – contestó al fin el gato.


¿Y tú sabes dónde quieres llegar?, o más bien… ¿Eres cómo Alicia que no le importa dónde?

Yo soy del segundo interrogante. No sé dónde quiero llegar. No me importa. Me da igual cualquier dirección siempre que mi objetivo se encuentre ahí. Me gusta lo imprevisible. Algo brusco. Alteración en la vida. Agitación en el día a día. Pero sobre todo el subir y bajar, como si de una montaña rusa se tratase. Porque sí, porque para estar en la cúspide de la misma tuvimos que empezar desde abajo. Con toda la emoción. Adrenalina.  Frenesí, quizás. Y sí, cuando por fin hemos subido, caemos en picado. Con todo a una. Pero a lo lejos hay otra pendiente y de nosotros depende sentir todo eso mismo en la subida de la próxima. Los que vuelven a sentir lo mismo con la adyacente subida, son los valientes.

Si tanto queda subordinado a nosotros, ojalá se lo pudiéramos preguntar al ruiseñor y la rosa. Todo en uno. Pues claro que cada uno da lo que tiene en el corazón como el ruiseñor, pero sobre todo... "cada uno recibirá con el corazón que tiene"


MABELA MR

No entiendes nada...

Escrito por MabelaMR 21-03-2018 en Ingravidez. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=icDpDNwvUuA


Una vez, una persona no hace mucho tiempo me explicó qué significaba el no entiendes nada. No, no es a lo que estamos acostumbrados. No se trata de entender o no una situación sino de expresar exaltación por la misma. Un ejemplo que me puso y nunca se me va a olvidar fue el siguiente: “Estas comiéndote una hamburguesa, te la traen, la pruebas y dices *No entiendes nada*”. No entiendes nada en el sentido de lo buena o increíble que puede estar. No sé si lo habréis entendido porque yo me quedé igual que como os podéis estar quedando ahora mismo.

Aun así, os voy a poner otro ejemplo de cómo comprendo yo el “no entiendes nada”.

                               “¡¿Qué viene el lobo?!”

Nunca pasa. Sinceramente, ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase?, ¿Ha venido?... estamos tan familiarizados con algunas expresiones que pasan de generación en generación y decimos… bah, pero el día que llega nos pilla totalmente distraídos. Y cuando nos dan en la cara, cuando nos lo encontramos frente a frente, solo podemos esbozar un “no entiendes nada”. Es increíble como ese lobo pudo aparecer.

El lobo llega como si de un vendaval se tratase. Extremadamente fuerte y violento. Se ha presentado en un período de tiempo exiguo.

Tengo miedo. Bueno tengo miedo(s). Me dan miedo los “no entiendes nada”. Me da miedo el “no eres tú, soy yo”. Me dan miedo las dudas. El pensar las cosas dos veces. Me da miedo que haya situaciones que se conviertan en amapola. Que se extiendan. Porque por muy bonita que sea no deja de ser una mala hierba. Me da miedo que quiera que aunque los meses de la amapola sean abril y mayo yo misma pretenda plantar una en medio de un campo lleno de piedras, con nieve y en diciembre. Me da miedo el olvidar. Me da miedo que se me olviden los diálogos de la Cenicienta que tanto me hizo aprenderme mi hermana cuando éramos pequeñas. Me da miedo crecer. Me da miedo no tener a mi madre al lado para cualquier problema. Me dan miedo las responsabilidades. Me da miedo estar sola en una ciudad que desconozco. Me dan miedo los exámenes sorpresa, el sentir por algo sin saber por qué y que aparezca de la nada. Me dan miedo los coches. Me da miedo no cumplir mis objetivos, no dar la talla y no superar las expectativas que tienen en mi puestas. Me dan miedo las tormentas. Atormentarme con cualquier problema. Me da miedo acabar el libro que me estoy leyendo y sentirme vacía por un momento. Me da miedo el perder a un amigo de verdad. Me dan miedo las personas que creen más en una pantalla que en un “tú a tú”. Me da miedo que se pierda lo cotidiano y que lo nuevo arrase con todo lo que nuestras antiguas generaciones han construido.

En sí, nuestros miedos pueden ser como un pergamino que no tiene fin. Nosotros decidimos si tener miedo toda la vida o caminar junto a él. Con lo que nunca podremos caminar será con el miedo a el olvido. Miedo a que se nos olvide la letra de nuestra canción preferida. Esa que te remonta a veranos sin preocupaciones con tu mejor amigo/a. Miedo a que se olviden las amistades de hace mil años. Miedo sobre todo al vete y no vuelvas más. No vuelvas más ni aunque mi corazón diga una cosa y mi cabeza otra. Vete, aunque con la mirada te esté diciendo que te quedes. Vete, aunque caiga lágrima a lágrima, una tras otra, como si de lluvia intensa se tratase. Miedo.

Y miedo repito al "no entiendes nada". Puede ser que estemos perdiendo el tiempo averiguando qué quiere decir ese "no entiendes nada". Puede ser que haya muchos "no entiendes nada". Sinceramente me da igual. Como dije en el post de {Trenes}; las esperas mueven el mundo.

Ojalá venga el lobo como dicen y le pueda decir que era verdad que no entendía nada. Ojalá me lo explique. Ojalá.


MABELA MR